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F

Familia

mishpajah (hj;P;v]]]mi), «familia; clan». Una forma de este vocablo hebreo aparece en ugarítico y púnico, con el mismo significado de «familia» o «clan». El término se ha encontrado en los rollos del Mar Muerto y está presente en el hebreo de la Mishnah y el hebreo moderno. Mishpajah aparece 300 veces en el Antiguo Testamento hebreo. El primer caso del vocablo se encuentra en Gn 8.19: «Todos los animales, y todo reptil y toda ave, todo lo que se mueve sobre la tierra según sus especies, salieron del arca» (rvr; «según sus familias» rvr, lba).

El vocablo está relacionado con la raíz verbal shipjah, modalidad verbal que no se encuentra en el Antiguo Testamento. Otra forma del nombre es pejah («criada»), como en Gn 16.2: «Dijo, pues, Sarai a Abram … ruégote que entres a mi sierva» (rv).

El nombre mishpajah se usa casi siempre en el Pentateuco (hasta 154 veces en Números) y en los libros históricos, pero pocas veces en la literatura poética (5 veces) y en los libros proféticos.

Todos los miembros de un grupo emparentados por sangre o que aún estaban conscientes de alguna consanguinidad pertenecían al «clan» o «familia extendida». Saúl argumentó que debido a que procedía del menor de los «clanes» no le correspondía ser rey (1 S 9.21). Este mismo significado define a los miembros de la familia extendida de Rahab a quienes se les perdonó la vida en Jericó: «Sacaron a toda su parentela, y los pusieron fuera del campamento de Israel» (Jos 6.23 rvr). Por tanto, el «clan» era una división importante dentro de la «tribu». El libro de Números registra un censo de los líderes y miembros de las tribus de acuerdo a sus «familias» (Nm 1–4; 26). Cuando se reclamaba venganza en casos de crimen capital, todo el clan podía involucrarse: «Y toda la familia se ha levantado contra tu sierva, diciendo: «Entrega al homicida para matarlo por la vida de su hermano a quien mató, y quitemos también al heredero». Así apagarán la brasa que me ha quedado, y no dejarán a mi esposo nombre ni reliquia sobre la tierra» (2 S 14.7 nrv).

Otro derivado del significado de «división» o «clan» es el uso idiomático de «clase» o «grupo», como por ejemplo las «familias» de los animales que salieron del arca (Gn 8.19) o las «familias» de las naciones (Sal 22.28; 96.7; cf. Gn 10.5). Aun la promesa de Dios a Abraham incluye a las naciones: «Bendeciré a los que te bendigan, y al que te maldiga, maldeciré. Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra» (Gn 12.3 lba).

El significado más restringido de mishpajah es semejante a nuestro uso de «familia» y también al del hebreo moderno. Abraham envió su siervo a sus parientes en Padam-aram para que procurase una esposa para Isaac (Gn 24.38). La «ley de redención» se aplicaba también a los parientes cercanos de una familia: «Podrá ser rescatado después de haberse vendido. Uno de sus hermanos lo podrá rescatar. O lo podrá rescatar su tío, o un hijo de su tío; o lo podrá rescatar un pariente cercano de su familia. Y si consigue lo suficiente, se podrá rescatar a sí mismo» (Lv 25.48–49 rva).

En la Septuaginta, varias palabras se usan para traducir a mishpajah: demos («pueblo; populacho; multitud», pule («tribu»; «nación»; «pueblo») y patria («familia»; «clan»). Las versiones en castellano lo traducen «familia, familiares», «parientes, parentela», «linajes», «especies», «grupos», etc.

 

Fidelidad

Nombre

<emuÆnah (hn:WmaÔ), «fidelidad». Este vocablo se encuentra en púnico como emanethi («certeza»). En el Antiguo Testamento hebraico el nombre aparece 49 veces, principalmente en el libro de los Salmos (22 veces). La primera vez que el término aparece se refiere a las manos de Moisés: «Ya las manos de Moisés estaban cansadas; por tanto, tomaron una piedra y la pusieron debajo de él, y él se sentó sobre ella. Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro del otro lado. Así hubo firmeza en sus manos hasta que se puso el sol» (Éx 17.12 rva).

El significado básico de <emuÆnah es «certeza» y «fidelidad». El ser humano puede demostrar «fidelidad» en sus relaciones con su prójimo (1 S 26.23). Pero en términos generales, la Persona hacia la que se es «fiel» es propiamente el Señor: «Y les mandó diciendo: Habréis de proceder con temor de Jehovah, con fidelidad y con corazón íntegro» (2 Cr 19.9 rva). El Señor ha manifestado su «fidelidad» con su pueblo: «¡La Roca! su obra es perfecta, porque todos sus caminos son justos; Dios de fidelidad y sin injusticia, justo y recto es Él» (Dt 32.4 lba). Todas sus obras revelan su «fidelidad» (Sal 33.4). Sus mandamientos expresan su «fidelidad» (Sal 119.86 rva); los que obedecen están en el camino de la «fidelidad»: «Escogí el camino de la verdad; he puesto tus juicios delante de mí» (Sal 119.30). El Señor busca a quienes procuran hacer su voluntad de todo corazón. Sus caminos son afirmados y su bendición reposa sobre ellos: «El hombre fiel tendrá muchas bendiciones, pero el que se apresura a enriquecerse no quedará impune» (Pr 28.20). La certeza de vida abundante se encuentra en la expresión tomada de Hab 2.4 que se cita en el Nuevo Testamento (Ro 1.17; Gl 3.11): «He aquí, aquel cuya alma no es recta dentro de sí está envanecido, pero el justo por su fe vivirá» (rva).

El vocablo <emuÆnah es sinónimo de tsedeq («rectitud, justicia», cf. Is 11.5), de jesed («misericordia», «benignidad», cf. Sal 98.3 bnc; «amor», bj; «lealtad» bla, nbe; «gracia» sbh) y mishpat («justicia», cf. Jer 5.1).

Jesed («amor») describe mejor la relación entre Dios e Israel; pero <emuÆnah también se ajusta. Oseas describe la relación de Dios con Israel en términos de un matrimonio y declara la promesa divina de «fidelidad»: «Te desposaré conmigo para siempre; te desposaré conmigo en justicia y derecho, en lealtad y compasión. Yo te desposaré conmigo en fidelidad, y conocerás a Jehovah» (Os 2.19–20 rva). En estos versículos, los términos «rectitud», «juicio» «derecho», «misericordia», «lealtad» y «fidelidad» demuestran que los sinónimos de <emuÆnah son términos relacionados con el pacto y expresan la «fidelidad» y el «amor» de Dios. La naturaleza de Dios avala la certeza del pacto y las promesas; Él es «fiel».

Los hechos (Pr 12.22) y palabras (12.17) del ser humano deben reflejar su relación privilegiada con Dios. Como en la relación conyugal, la «fidelidad» no es opcional. Para establecer la relación, se requiere que las dos partes respondan mutuamente en «fidelidad». Isaías y Jeremías condenan al pueblo por no ser «fieles» a Dios: «Recorred las calles de Jerusalén; mirad, pues, y sabed. Buscad en sus plazas a ver si halláis un solo hombre, a ver si hay alguno que practique el derecho y que busque la fidelidad; y yo lo perdonaré» (Jer 5.1 rva; «verdad» rv, lba; cf. Is 59.4; Jer 7.28; 9.3).

La fidelidad se establecerá en la era mesiánica (Is 11.5). La expectativa profética se realizó en Jesucristo cuando sus contemporáneas vieron en Él la gracia (cf. jesed) de Dios y la verdad (cf. <emuÆnah): «La ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás; el Dios único que está en el seno del Padre, Él le ha dado a conocer» (Jn 1.17–18 rva). Es significativo que Juan usara ambos términos lado a lado, tal como se encuentran juntos en el Antiguo Testamento.

Los términos que usa la Septuaginta son: aletheia («veracidad; confiabilidad; rectitud; verdad; realidad») y pistos («veracidad, fidelidad; confianza; fe»).

 Verbo

<aman (÷m'a;), «estar seguro, ser duradero; confiar, creer». Esta raíz se encuentra en acádico, ugarítico y fenicio. En el Antiguo Testamento, el número de casos de este vocablo no llega a 100.

De este verbo se derivan tres términos: <amen («amén» 30 veces; p. ej. Sal 106.48), >emet («verdadero» 127 veces; p. ej. Is 38.18) y <emuÆnah («fidelidad»).

 

Fiesta

jag (gh'), «fiesta; celebración cúltica». Hay cognados de este nombre en arameo, siríaco y arábigo. Está comprobado en el hebraico de la Biblia unas 62 veces durante todos los períodos, excepto en la literatura sapiencial.

El vocablo se refiere particularmente a un «peregrinaje festivo». Significa esto la primera vez que se usa en la Biblia, cuando Moisés le dice al faraón: «Hemos de ir con nuestros niños y con nuestros ancianos, con nuestros hijos y con nuestras hijas; hemos de ir con nuestras ovejas y con nuestras vacas, porque tendremos una fiesta de Jehová» (Éx 10.9). Por lo general, jag se refiere a los tres «peregrinajes festivos» anuales que se celebraban con procesiones y danzas. Estas fiestas especiales se distinguen de las temporadas sagradas («asambleas festivas», Ez 45.17), las fiestas de luna nueva y los sábados (Os 2.11).

Hay dos usos únicos de jag. Primero, Aarón proclamó una «fiesta al Señor» al pie del Sinaí. No hubo peregrinaje como parte de esta «fiesta», más bien se celebró con holocaustos, comidas comunitarias, música y danzas. Todo el asunto desagradó a Dios (Éx 32.5–7).

En dos pasajes, jag tiene que ver con una «víctima sacrificada a Dios» (quizás durante uno de los sacrificios anuales): «Atad víctimas con cuerdas a los cuernos del altar» (Sal 118.27; cf. Éx 23.18).

 

Fin

Nombre

<epes (sp,a,), «fin; no; nada; solamente». Los 42 casos de este vocablo se encuentran en todos los períodos de la literatura bíblica. Tiene un cognado en ugarítico. Básicamente, el nombre significa que algo «llega a su fin» o «deja de ser».

Algunos estudiosos encuentran una relación entre esta palabra y el término acádico apsu (griego abussos), que era el precipicio de agua dulce que rodeaba el mundo (se consideraba que el mundo era una superficie plana con cuatro esquinas y rodeada de agua dulce). No obstante, esta relación es muy dudosa, ya que no se habla en ninguna parte de las Escrituras acerca de un área que esté allende a los confines de la tierra. La idea de «confines» de alguna cosa se encuentra en pasajes como Pr 30.4: «¿Quién subió al cielo y descendió? ¿Quién recogió los vientos en sus puños? ¿Quién envolvió las aguas en su manto? ¿Quién estableció todos los confines de la tierra?» (lba cf. Sal 72.8). En otros contextos, <epes significa el «territorio» de naciones aparte de Israel: «Con ellos embestirá a los pueblos hasta los confines de la tierra» (Dt 33.17 rva). Es más frecuente que este vocablo se refiera a los pueblos allende de Israel: «Pídeme, y te daré por heredad las naciones, y por posesión tuya los confines de la tierra» (Sal 2.8 rva). En Sal 22.27, la frase «los confines de la tierra» es un sinónimo paralelo con «todas las familias de las naciones» por lo que «confines de la tierra» en contextos como este representaría a todos los pueblos de la tierra más allá de Israel.

<Epes se usa para expresar lo «inexistente», sobre todo en la literatura poética, donde aparece casi siempre como sinónimo de <ayin («ninguno, nada»). En un caso <epes, con el significado específico de «no hay», se usa para comunicar que ya «no existe» nadie o nada: «¿No queda nadie de la casa de Saúl a quien yo pueda mostrar la bondad de Dios?» (2 S 9.3 rva). En Is 45.6, el término significa «ninguno» o «nadie»: «Para que se sepa que desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, no hay ninguno fuera de mí» (lba; «nadie» rva; cf. v. 9).

En algunos pasajes, <epes se usa como una partícula negativa que significa «al final» o «nada»: «Y todos sus grandes serán nada» o «sus jefes desaparecerán» (lvp) y «no se nombrarán» (bla) más reyes (Is 34.12). La fuerza de esta palabra en Is 41.12 recae sobre la «inexistencia» de los que se oponen a Dios: «Aquellos que te hacen la guerra serán como nada, y como algo que no existe» (rva).

El término puede también indicar «nada» en el sentido de «impotencia» o «inutilidad»: «Todas las naciones ante Él son como nada, menos que nada e insignificantes son consideradas por Él» (Is 40.17 lba).

En Nm 22.35, <epes significa «solamente» o bien «únicamente»: «Ve con esos hombres, pero hablarás solo la palabra que yo te diga» (cf. Nm 23.13). En estos pasajes, <epes (con la partícula hebrea kéÆ) califica la frase que le antecede. En 2 S 12.14, los adversativos «pero», «sin embargo», «mas», etc. traducen un matiz especial del vocablo.

En Is 52.4, <epes precedido por la preposición be («por», «por causa de») significa «sin motivo, causa o razón»: «Asiria lo ha oprimido sin motivo».

qets (Åqe), «fin». Un cognado de esta palabra aparece en ugarítico. En el hebraico bíblico qets se encuentra unas 66 veces en todos los períodos.

Primero, el vocablo se usa para denotar el «fin de una persona», o sea, su «muerte»: «Dijo, pues, Dios a Noé: He decidido el fin de todo ser» (Gn 6.13 rvr, nrv). En Sal 39.4, qets habla de la «máxima extensión de la vida humana» y particularmente en el sentido de su brevedad: «Señor, hazme saber mi fin, y cuál es la medida de mis días, para que yo sepa cuán efímero soy» (lba.

Segundo, qets quiere decir «fin» en el sentido de «aniquilación»: «El hombre pone fin a la oscuridad, y examina en los lugares más recónditos las piedras de la oscuridad y de las tinieblas» (Job 28.3).

En tercer lugar, relacionado y a la vez muy distinto a la acepción anterior, está la acepción «extremo más distante», como por ejemplo el «final de un determinado período»: «Y después de algunos años descendió a Samaria para visitar a Acab» (2 Cr 18.2 rvr; cf. Gn 4.3: primera mención en la Biblia).

Un cuarto matiz enfatiza alguna «meta» en particular, no un simple final sino también la conclusión a la que se quiere llegar: «Aunque por un tiempo la visión tarde en cumplirse, al fin ella hablará y no defraudará» (Hab 2.3 rva).

En otro énfasis, qets se refiere a las «fronteras» o «límites» de algo: «A todo lo perfecto le veo límite, pero tu mandamiento es sobremanera amplio» (Sal 119.96 rva).

En 2 R 19.23, el vocablo (junto con la preposición le) se refiere a «lo más lejano»: «Llegué hasta su morada más lejana, al bosque más exuberante».

qatseh (hx,q;), «fin; frontera; extremo; límite». El nombre qatseh aparece 92 veces en todos los períodos del hebreo de la Biblia.

En Gn 23.9 qatseh significa «fin» en el sentido de «extremo o límite más distante»: «Para que me dé la cueva de Macpela que está en el extremo de su campo». El término significa «límite más próximo» en Éx 13.20: «Salieron de Sucot y acamparon en Etam, al borde del desierto» (rva; «entrada» rv). En otros casos, el vocablo claramente indica el «extremo o confín más distante»: «Si tus desterrados están en los confines de la tierra, de allí el Señor tu Dios te recogerá y de allí te hará volver» (Dt 30.4 lba).

En segundo lugar, qatseh puede significar un «fin temporal», tal como el final de un período. Este es el significado del término en Gn 8.3, la primera vez que se usa: «Se retiraron las aguas al cabo de ciento cincuenta días».

Una acepción especial de qatseh se encuentra en Gn 47.2, donde el vocablo se usa con la preposición mim («de entre»): «Luego tomó a cinco de entre sus hermanos y los presentó ante el faraón» (rva; cf. Ez 33.2 lba). En Gn 19.4, la misma construcción significa «de todos los distritos (o barrios) de una ciudad»: «Rodearon la casa los hombres de la ciudad, los varones de Sodoma, todo el pueblo junto, desde el más joven hasta el más viejo». Una frase similar aparece en Gn 47.21, pero repetido («desde un cabo … hasta el otro cabo» rv). Se puede traducir: «Desde un extremo a otro del territorio de Egipto» (rva). En Jer 51.31, la frase significa «todos los sectores», «todas partes» (rv) o «completamente».

qatsah (hx;q;), «fin; frontera; borde, orilla; extremo». El nombre qatsah se encuentra en la Biblia 28 veces y también se halla en fenicio. El término se refiere primordialmente a objetos concretos. En algunos casos, sin embargo, qatsah se refiere a objetos abstractos como por ejemplo «los caminos de Dios»: «¡Y estas cosas no son más que los bordes del camino. Apenas el leve susurro que oímos de Él!» (Job 26.14 rv-95).

<ajaréÆt (tyrij}a'), «trasero; fin; consecuencia; resultado; postrero; posteridad». También se encuentra el término en acádico, arameo y ugarítico. Aparece unas 61 veces en el hebreo bíblico durante todos los períodos; la mayoría de los casos están en la literatura poética.

Cuando se usa espacialmente, el vocablo identifica «el lugar más remoto y más distante»: «Si tomo las alas del alba y habito en el extremo del mar» (Sal 139.9 rva).

El énfasis más frecuente de la palabra recae en «fin», «consecuencia» y «resultado». Este matiz se aplica al tiempo en un sentido superlativo o final: «Los ojos de Jehová tu Dios están siempre sobre ella, desde el principio del año hasta el final de él» (Dt 11.12 rva). Encontramos un leve cambio del significado en Dn 8.23, donde <ajaréÆt se aplica al tiempo en un sentido relativo o comparativo: «Al final del imperio de ellos, cuando los transgresores hayan llegado a su colmo, se levantará un rey de aspecto fiero y entendido en enigmas» (rva). Aquí el vocablo se refiere a los «últimos tiempos», aunque no necesariamente al «fin de la historia». Con un matiz diferente, el término puede significar «postrero» o «lo que viene después»: «Si fueran sabios, entenderían esto; comprenderían cuál sería su final» (Dt 32.29 rva). En algunos pasajes, <ajaréÆt se refiere a la «postrimería» o «final» de una vida. Números 23.10 habla acerca de la muerte de la siguiente manera: «¿Quién contará el polvo de Jacob, o el número de la cuarta parte de Israel? Muera yo la muerte de los rectos, y mi postrimería sea como la suya».

En otros pasajes, <ajaréÆt se refiere a «todo lo que viene después». En pasajes como Jer 31.17 el término se usa para hablar de la «descendencia» o «posteridad»: «Hay esperanza para tu porvenir; tus hijos volverán a su territorio» (rva). En Am 9.1, <ajaréÆt quiere decir «el resto» (los que quedan) de nuestros compañeros. Tanto «conclusión» como «resultado» son evidentes en pasajes como Is 41.22, donde el vocablo representa el «fin» o «resultado» de un asunto: «Que se acerquen y nos anuncien lo que ha de suceder. Declárennos las cosas que han sucedido desde el principio, y prestaremos atención. O hacednos oír de las cosas por venir, y sabremos su final» (rva).

Un tercer matiz de <ajaréÆt indica «lo último» o «de menor importancia»: «Vuestra madre se avergonzará sobremanera. Se volverá pálida la que os dio a luz. He aquí, será la última de las naciones: desierto, sequedal y tierra árida» (Jer 50.12).

El hecho que <ajaréÆt junto con «día» o «años» puede significar tanto «un punto al final del tiempo» como «un período al final de los tiempos» ha generado bastante debate en torno a catorce pasajes veterotestamentarios. Algunos estudiosos consideran que este uso particular no es escatológico; que únicamente significa «los días que siguen» o «en el futuro». Este parece ser el significado en Gn 49.1 (primera mención en la Biblia): «Reuníos, y os declararé lo que os ha de acontecer en los días postreros» (rva; «días venideros» lba). El término aquí se refiere a todo el período que sigue. Por otro lado, Is 2.2 usa el término de manera más absoluta refiriéndose a «los últimos tiempos»: «Acontecerá en los últimos días que el monte de la casa de Jehovah será establecido como cabeza de los montes» (rva). Algunos estudiosos aseveran que el vocablo algunas veces puede referirse también al «punto final de los tiempos»: «He venido, pues, para hacerte entender lo que ha de acontecer a tu pueblo en los últimos días; porque la visión es aún para días» (Dn 10.14 rva). No obstante, esta interpretación es muy debatida.

 Adverbio

<epes (sp,a,), «sin embargo; no obstante; a pesar de; solo; mas» Este adverbio aparece por vez primera en Nm 13.28: «Solo que el pueblo que habita aquella tierra es fuerte» (rva).

 

Formar

yatsar (rx'y:), «formar, amoldar, moldear». El término es corriente en todos los períodos del hebreo; en la lengua moderna se usa en el sentido de «producir» o «crear». El vocablo se encuentra un poco más de 60 veces en el Antiguo Testamento hebraico. Aparece por primera vez en Gn 2.7: «Dios formó al hombre del polvo de la tierra», lo cual refleja el significado básico de «amoldar» algo a una forma deseada.

Yatsar es un término técnico de alfarería y se usa a menudo en relación con la labor del alfarero (Is 29.16; Jer 18.4, 6). El vocablo se usa a veces con el significado general de «artesanía o manualidad», incluyendo molduras, tallados, esculturas y fundición (Is 44.9–10, 12).

La palabra puede usarse para expresar la «formulación» de planes en la mente (Sal 94.20; «planear» lba). Yatsar se usa a menudo para describir la actividad creadora de Dios, ya sea literal o metafóricamente. Así Dios «formó» a seres humanos (Gn 2.7–8) y animales (Gn 2.19). También «formó» la nación de «Israel» (Is 27.11; 45.9, 11); Israel fue «formado» como el siervo especial de Dios, aun desde el vientre (Is 44.2, 24; 49.5). Estando aún en el vientre, Jeremías fue «formado» para ser profeta (Jer 1.5). Dios «formó» a las langostas como instrumento pedagógico visual para Amós (Am 7.1); el gran monstruo marino, leviatán, fue «formado» para jugar en los mares (Sal 104.26).

El enfoque tan concreto del pensamiento hebreo antiguo se percibe vivamente en la siguiente declaración: «Yo soy quien forma la luz y crea las tinieblas» (Is 45.7 rva). En sentido similar, el salmista confiesa a Dios: «El verano y el invierno, tú los formaste» (Sal 74.17). Dios «formó» el espíritu del hombre (Zac 12.1), así como su corazón o mente (Sal 33.15). Yatsar se usa también para expresar la «planificación» o «predestinación» de Dios según su propósito divino (Is 22.11; 46.11).

Casi la mitad de los casos de este vocablo veterotestamentario se encuentran en Isaías y la mayoría de las veces Dios es el sujeto.

 

Fuego

<esh (vae), «fuego». Hay cognados de este vocablo en ugarítico, acádico, arameo y etiópico. Los 378 casos de este término están diseminados por todos los períodos del hebreo bíblico.

El primer caso <esh denota la presencia de Dios como una «antorcha ardiente»: «Y sucedió una vez que el sol se puso y hubo oscuridad que he aquí, apareció un horno humeante, y una antorcha ardiendo» (Gn 15.17 rva). El «fuego» era el instrumento por el que una ofrenda se transformaba en humo, que subiendo al cielo simbolizaba que Dios aceptaba la ofrenda (Lv 9.24). Dios también podía consumir a las personas con el «fuego del juicio» (Nm 11.1; Sal 89.46). Una diversidad de objetos se quemarían como señal de total destrucción y juicio divino (Éx 32.20).

A menudo, en las teofanías, el «fuego» simbolizaba la presencia de Dios (Éx 3.2). Por eso se le llama a veces «fuego consumidor» (Éx 24.17).

El nombre <ishsheh, que significa «una ofrenda quemada», se deriva de <esh.

 

Fuerza, Potencia

jayil (lyIj'), «fuerza; potencia, potencialidad; poder; riqueza; propiedad; capacidad; valentía; ejército; tropas; influencia; séquito». Cognados de esta palabra se han hallado en arameo, acádico, siríaco, arábigo y etiópico. Se encuentra en todos los períodos del hebreo bíblico unas 245 veces.

Primero, el vocablo significa una facultad o «potencialidad», la capacidad de hacer o de producir. El término se usa en relación a la «fuerza» física, o sea, la «potencia» aplicada al plano corporal: «Si se embota el hacha y no es afilada, hay que añadir más esfuerzo» (Ec 10.10). Con cierta frecuencia el término aparece en un contexto marcial. Se trata de la «fuerza» física, de la «potencia» y capacidad de desempeñarse bien en el campo de batalla. Esta idea se aplica a hombres en 1 S 2.4: «Los arcos de los fuertes son quebrados, pero los que tropiezan se ciñen de poder» (rva; cf. Sal 18.32, 39). El vocablo se usa para hablar de un corcel en Sal 33.17. Una aplicación interesante de jayil se da en Nm 24.17–18, donde Balaam profetizó la destrucción de Moab y de Edom a manos de Israel: «También Edom será conquistada; Seir será conquistada por sus enemigos. Pero Israel hará proezas» (v. 18 rva). La descripción en este pasaje es dinámica; algo está pasando. La última oración podría traducirse: «Israel se desempeña con fuerza» (es decir, «poderosamente»).

Segundo, jayil quiere decir «riqueza, propiedad». Este matiz de la palabra enfatiza lo que demuestra la «capacidad» o «potencialidad», la riqueza o bienes [en castellano, «pudiente» proviene de «poder»]. Leví, Simeón y sus seguidores atacaron a los habitantes de Siquem: «Llevaron cautivos a todos sus niños y a sus mujeres, y saquearon todos sus bienes y todo lo que había en las casas» (Gn 34.29 rva: primera mención del término). En Nm 31.9 jayil parece tener una acepción más restringida porque incluye todas las posesiones de los madianitas sin contar las mujeres, los niños, el ganado y los rebaños. Cuando este matiz del término se junta con el vocablo hebreo «hacer» la frase resultante significa «hacerse rico» o «hacer riquezas» (cf. Dt 8.18; Rt 4.11). Esto es en contraste marcado con el énfasis de la misma construcción en Nm 24.18. Jayil indica «riqueza» en Jl 2.22, lo cual se describe como el producto de la «potencialidad» (capacidad) de un árbol de producir fruto.

Tercero, varios pasajes usan el término en el sentido de «capaz». En Gn 47.6 se destaca plenamente la capacidad de realizar bien un trabajo: «La tierra de Egipto está a tu disposición. En lo mejor de la tierra haz habitar a tu padre y a tus hermanos; que habiten en la tierra de Gosén, y si sabes que hay hombres capaces entre ellos, ponlos a cargo de mi ganado» (lba). El mismo vocablo puede describir las habilidades domésticas de las mujeres. Se habla de Rut como de una mujer capaz, por tanto buena esposa o capaz de serlo (Rt 3.11; cf. Pr 12.4). Aplicado a los varones, jayil a veces destaca su capacidad de conducirse bien en batalla y también de ser leales a sus comandantes (1 S 14.52 rva; 1 R 1.42). En este contexto, el vocablo se puede traducir como «valiente»: «Había guerra encarnizada contra los filisteos durante todo el tiempo de Saúl. Cuando Saúl veía algún hombre valiente o esforzado, lo añadía a los suyos» (1 S 14.52; cf. Nm 24.18; 1 S 14.48).

Cuarto, el término a veces quiere decir «ejército»: «Yo endureceré el corazón del faraón, para que los siga; entonces seré glorificado en el faraón y en todo su ejército» (Éx 14.4 rv-95). El vocablo puede también usarse en el sentido de tropas, a saber, una combinación de muchos individuos. Como un aspecto de esta idea la palabra puede representar los miembros de un ejército distribuido para realizar ciertas (o diferentes) funciones. Josafat «puso tropas en todas las ciudades fortificadas de Judá, y puso destacamentos en la tierra de Judá» (2 Cr 17.2 rva). Encontramos el mismo énfasis en 1 R 15.20: «Ben-hadad … envió contra las ciudades de Israel a los jefes de sus ejércitos» (rva).

Quinto, jayil a veces se refiere a «séquito» la clase alta que, como en todos los sistemas feudales, era a la misma vez soldados, pudientes e influyentes; Sanbalat «habló delante de sus hermanos y del ejército de Samaria» (Neh 4.2, «los ricos de Samaria» lba»), es decir, en la corte real. Con la reina de Sabá viajó a Jerusalén un gran séquito de gente de clase alta de su país: «Vino a Jerusalén con un gran séquito» (1 R 10.29 rva).

gebuÆrah (hr;WbGÒ), «potencia, fortaleza». Este nombre se encuentra 61 veces en el Antiguo Testamento hebraico y predomina en los libros poéticos y en Isaías y Jeremías. Aparece por primera vez en Éx 32.18: «No es voz de alaridos de fuertes [«vencedores» nrv], ni voz de alaridos de débiles; voz de cantar oigo yo» (rvr).

El significado primario de gebuÆrah es «poder, potencia o fuerza». Algunos animales se les conoce por su «fuerza», como los caballos (Sal 147.10) o cocodrilos (Job 41.4). El hombre también demuestra su «fuerza» con actos de heroísmo (Jue 8.21), así como de guerra (Is 3.25). El poderoso régimen de David se describe como un «reino de gebuÆrah» (1 Cr 29.30; «su reinado, y su poder» rvr). Debido a que se necesitaba tener fuerza física y sabiduría para ser un líder, estas dos cualidades aparecen unidas: «Míos son el consejo y el buen juicio; míos son el entendimiento y el poder» (Pr 8.14 nvi). Miqueas también, lleno del Espíritu Santo, dijo: «Mas yo estoy lleno del poder del Espíritu de Jehová, y de juicio, y de fuerza, para denunciar a Jacob su rebelión, y a Israel su pecado» (Miq 3.8 rvr). Al referirse a las expectativas mesiánicas, los profetas proyectaron el papel especial del Mesías como una demostración de «poder» y «consejo»: «Sobre Él reposará el Espíritu de Jehovah: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová» (Is 11.2 rva).

Los Salmos atribuyen «poderío» o «fortaleza» a Dios. Estas caracterizaciones se encuentran, ya sea en el contexto de la alabanza «Tú, con tu poder, formaste las montañas, desplegando tu potencia» (Sal 65.6 nvi), o en un contexto de oración: «Sálvame Dios, por tu nombre, defiéndeme con tu poder» (Sal 54.1 nvi). El «poder» del Señor es una manifestación de su sabiduría: «Con Dios están la sabiduría y el poder; suyo es el consejo y el entendimiento» (Job 12.13 rva). En su forma plural gebuÆrah denota los grandes hechos de Dios de antaño: «Oh Señor Dios, tú has comenzado a mostrar a tu siervo tu grandeza y tu mano poderosa; porque ¿qué dios hay en los cielos o en la tierra que pueda hacer obras y hechos tan poderosos como los tuyos?» (Dt 3.24 lba).

La Septuaginta ofrece las siguientes traducciones: dunasteis («gobernante, soberano; oficial de la corte»); ischus («fuerza; poder; potencia»); dunamis («poder; fuerza; potencia; capacidad»).

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